Eloísa está debajo de un almendro: del teatro al cine.

INTRODUCCIÓN

Cartel de la película de Rafael Gil

Cartel de la película de Rafael Gil

El 24 de mayo de 1940, el Teatro de la Comedia de Madrid estrenaba Eloísa está debajo de un almendro, del dramaturgo Enrique Jardiel Poncela. Apenas tres años después, el 21 de diciembre de 1943, llegaba a los cines la adaptación cinematográfica de mismo título, dirigida por Rafael Gil.

La labor de Jardiel Poncela siempre estuvo estrechamente vinculada al cine: en 1932 fue contratado por la Fox como guionista para la escritura y adaptación de guiones, e incluso llegó a trabajar como actor y director. Sus obras de teatro –caracterizadas por el rápido encadenamiento de situaciones inverosímiles y un humor agudo y mordaz– parecen estar concebidas desde la perspectiva de una visión cinematográfica. Prueba de ello son la gran cantidad de adaptaciones que se han hecho de sus obras: Margarita, Armando y su padre (1939, Francisco Múgica), Las cinco advertencias de Satanás (1945, Julián Soler; 1969, José Luis Merino), Cuatro corazones con freno y marcha atrás (1977, TVE) o Un adulterio decente (1964, también de Rafael Gil).

Eloísa está debajo de un almendro (1943) fue el primer gran éxito de Rafael Gil, que ese mismo año estrenó Huella de luz, Lecciones de buen amor y comenzaría la filmación de El clavo, algo que demuestra la confianza que la productora CIFESA tenía en él. El director llevó a cabo la adaptación de la obra y ayudó a reescribir el guión, llegando incluso a emular la línea humorística de Jardiel Poncela en los diálogos.

Jardiel Poncela tuvo algunos problemas con la censura franquista. Sin embargo, esta película fue aprobada por la Comisión Nacional de Censura Cinematográfica. Con respecto a la aprobación del guión, una resolución de la vicesecretaría de Educación Popular decía: “Puede autorizarse pero deben suprimirse las alusiones al suicidio que se hacen en los planos 35 – 42 – 44 – 290 y 427” [Expediente de censura. Caja: 36, 04563]. El 13 de noviembre de 1943 la película era aprobada íntegramente sin ningún corte y clasificada como “tolerada para menores de 16 años”. La Iglesia, que clasificaba las películas en Blanco, Azul, Rosa, Grana o, directamente, Rechazables, la calificó de Azul: no pudo ser blanca por aparecer en ella algún pequeño “roce con la moral” [García-Rayo, 2009. Pág: 20].

El film, con el que a continuación se establecerá un análisis comparativo respecto a la obra original, fue clasificado en un principio como de 2ª Categoría. Sin embargo, un documento firmado por Antonio Fraguas, Jefe de la sección de cinematografía y teatro, el 22 de febrero de 1944, corregía este error: “La Delegación Nacional de Propaganda tiene gusto comunicar a la Subcomisión Reguladora de la Cinematografía que por un error en nuestra comunicación se clasificó Eloísa esta debajo de un almendro en 2ª Categoría, siendo así, que tanto por el coste de producción como por sus cualidades técnicas y artísticas debe de considerarse incluida en 1ª Categoría” [Expediente de censura. Caja: 36, 04563].

ESTRUCTURA

El argumento presentado tanto en la obra original como en la película es el mismo, pero la estructura de la narración es diferente. Antes de explicar las diferencias entre uno y otro es conveniente conocer el argumento. La acción se desarrolla en torno a las relaciones entre dos familias: los Briones y los Ojeda. Fernando Ojeda y Mariana Briones mantienen una relación. Él intenta descubrir quién es el culpable de la muerte de la mujer a la que amaba su padre, lo que llevó a éste al suicidio. Al mismo tiempo, Ezequiel (el tío de Fernando) pretende a Clotilde  (la tía de Mariana), que parece corresponderle. El padre de Mariana, Edgardo, permanece en la cama desde que su mujer muriera (veinte años atrás según la obra; diez según la película) y Clotilde no accediera a su petición matrimonial. Finalmente, se descubre que Micaela (tía de Mariana y hermana de Edgardo) asesinó a Eloísa (madre de Mariana) por creer que mantenía una relación adúltera con el padre de Fernando. Edgardo, que quería proteger a su hermana, enterró a Eloísa debajo de un almendro.

La obra teatral de Jardiel Poncela está dividida en un Prólogo, el Acto I y el Acto II, desarrollándose cada una de estas tres partes en un cine, la casa de los Briones y la casa de los Ojeda, respectivamente. En el Prólogo, que podríamos considerar un sainete, aparecen multitud de personajes populares (Muchacha 1ª, Muchacha 2ª, Joven 1º, Joven 2º, Espectador 1º, Espectador 2º, Espectador 3º, El Dormido…) que no tienen importancia en el argumento y de hecho no volverán a aparecer. Los personajes, en un cine, charlan entre ellos y se gastan bromas. Los espectadores piropean a las muchachas cuando entran, uno de los jóvenes intenta levantarse sin despertar al dormido, y una pareja de novios intenta distraer a la madre de ella con un periódico “que trae crimen” para que les deje tranquilos. Al entrar Mariana en el cine, todos quedan maravillados. Detrás de ella y de su tía Clotilde llegarán Fernando y Ezequiel, de quienes habían salido huyendo porque Mariana no encontraba en su novio la actitud misteriosa que le había enamorado. Es por ello que su tía Clotilde le pregunta: “Pero oye, muchacha: ¿es que necesitas que Ojeda sea un hombre misterioso y que oculte algo grave y extraordinario para ser feliz?” [Jardiel Poncela, 2001. Pág: 503]. A lo que ella responde que sí.

En el Acto I, tendrá lugar la surrealista entrevista que Edgardo le hace a Leoncio, el nuevo mayordomo. Además, Clotilde descubrirá en la chaqueta de Ezequiel un cuaderno en el que apunta los nombres de las gatas a las que mata y despelleja en sus investigaciones sobre la pelagra, pero que ella pensará son mujeres a las que asesina (dándose cuenta de que, como a su sobrina, un hombre que oculta algo grave le resulta más atractivo). Fernando contratará a Fermín, el antiguo mayordomo de los Briones, y le convencerá para que le ayude a llevarse a su casa a Mariana con cloroformo para explicarle el suicidio de su padre y el parecido que ella tiene con el retrato de una mujer que encontró entre sus pertenencias. Finalmente, en el Acto II, ya en casa de los Ojeda, y tras la llegada de un agente de policía disfrazado de otro de los mayordomos y de Clotilde, Micaela y Edgardo, éste último terminará por confesar lo sucedido.

En la película, se omite el Prólogo del cine. La acción comienza en Bruselas, desde donde Fernando llegará a casa de su tío Ezequiel, quien le dice que en su habitación encontrará una carta que le dejó su padre antes de morir. A partir de dicha carta, Fernando comenzará a investigar y encontrará un retrato de una mujer. Cuando un día se presenta en casa de los Briones para tratar el asunto de una finca compartida, conoce a Mariana, que tiene un gran parecido con la mujer del retrato (después descubriremos que era su madre) y con la que empieza una relación. Hasta aquí, toda la acción de la película es inventada y no aparece en la obra teatral. A partir del minuto 22, cuando tiene lugar la escena del cine que Jardiel Poncela situó al comienzo de la narración, los acontecimientos empezarán a desarrollarse de un modo parecido.

Todo el comienzo de la película se presenta en la obra de teatro a partir de los diálogos de los personajes, que explican lo sucedido con anterioridad. Cuando la obra empieza, Mariana y Fernando ya mantienen una relación; sin embargo, en la película vemos cómo él vuelve a España, cómo se conocen… Es por ello que prácticamente al final del film, cuando Fernando lleva engañada a Mariana a su casa para explicarle todo, el diálogo entre ellos deja de ser fiel a la obra cuando él le explica lo que le ocurrió cuando llegó a España. Aquí no es necesario porque en la película el espectador ya lo ha visto previamente.

Estos cambios en la estructura consiguen un mayor dinamismo en la película, ya que los tres escenarios principales se van intercalando a lo largo de toda la narración. De este modo, una escena que en la obra teatral se encuentra concentrada en un acto, en la película se presenta dispersa a lo largo de todo el film. Por ejemplo, la escena en que Fermín aconseja a Leoncio cómo pasar la entrevista de Edgardo, la entrevista en sí misma, y el viaje que el padre de Mariana hace a San Sebastián sin salir de la cama con la ayuda de los mayordomos, aparece de forma continuada en la obra. Sin embargo, este conjunto de acciones se va intercalando con el hilo conductor principal (el misterio que envuelve la relación entre Mariana y Fernando) en el transcurso de la película, sirviendo de contrapunto cómico a las acciones más misteriosas.

TIEMPO Y ESPACIO

La modificación en la estructura de la narración conlleva cambios en el tiempo en el que ésta transcurre. En la obra teatral la historia dura lo mismo que la representación: toda la acción se desarrolla en una noche; tres horas, aproximadamente. Sin embargo, en la película, si tenemos en cuenta el viaje desde Bruselas y toda la relación entre Mariana y Fernando desde que se conocen, podríamos estar hablando de semanas o incluso meses. Para generar el efecto de paso del tiempo en la relación y conseguir que la acción avance más deprisa, se utiliza en la película el recurso de las hojas de calendario que van pasando sobreimpresas en la pantalla. La narración, tanto en la obra como en la película, se desarrolla en orden lineal, incluyendo el film las elipsis mencionadas.

Mansión de los Ojeda

Mansión de los Ojeda

Como ya se ha dicho, la obra tiene lugar en tres espacios principales: el cine, la casa de los Briones y la de los Ojeda. La película incluye también otros escenarios: exteriores, jardines, el interior del coche, la comisaría de policía… y habitaciones de las casas a las que se hace referencia en la obra pero en las que los personajes no llegan a encontrarse en el desarrollo de la acción, como el laboratorio de Ezequiel, por ejemplo. Es significativo el hecho de que, por su ambientación y dimensiones, ninguna de las dos viviendas parece poder situarse en un barrio céntrico de Madrid, donde supuestamente están. La casa de los Ojeda es de hecho una gigantesca mansión de aspecto lúgubre y terrorífico a la que sólo se puede acceder atravesando una especie de lago en barca. Igual de estrambótico es el aspecto exterior que se le da a la casa de los Briones. Y lejos de dejar estos escenarios como algo anecdótico, se añaden en la película diálogos que lo refuerzan. Así, cuando Fernando le pregunta a su tío dónde viven los Briones, éste le responde: “en un viejo palacio que se distingue enseguida por el absurdo torreón que hay adosado a una de sus fachadas”. [Gil, 2009. Min. 11:50]. Palacios y mansiones a los que Jardiel Poncela no hace referencia y que nunca han existido en el centro de Madrid, y mucho menos en los años 40.

GÉNERO

Si cuando leemos la obra de teatro de Jardiel Poncela es evidente que estamos ante el género de la comedia, no lo es tanto cuando vemos la película de Rafael Gil. Esos escenarios lúgubres y siniestros mencionados con anterioridad son sólo una de las características del film que lo alejan de la comedia y lo acercan al melodrama policiaco. La música de Juan Quintero, la atmósfera tensa adquirida al hablar de los extraños sucesos acontecidos en casa de los Ojeda, la escena en la que Fernando imagina la mano de su padre cogiendo una pistola, las sospechosas sombras que hacen llamadas y cierran puertas de la mansión… todo ello hace que el aspecto cómico, concentrado únicamente en la escena de Edgardo con sus mayordomos, se diluya.

Eloísa bajando por la escalera con el vestido

Mariana bajando por la escalera con el vestido

El plano exterior del hogar de los Ojeda, terrorífico y envuelto por la niebla, recuerda a un mismo plano de la mansión Manderley en la película Rebecca. De hecho, el interior, con una gran escalinata, también se asemeja a la misma casa. Por esa escalinata bajaba la protagonista de Rebecca con un vestido de la difunta y anterior esposa de su marido. En Eloísa está debajo de un almendro, Mariana baja por la escalera de los Ojeda con el vestido que llevaba puesto su madre el día que la asesinaron, provocando en el público una reacción parecida. Precisamente Rebecca se había estrenado con gran éxito en España un año antes que Eloísa…, por lo que es muy probable que el clima y ambientación de la película de Hitchcock influyeran en la de Rafael Gil.

En Eloísa…, desaparece lo sainetesco, lo popular. Se eliminan escenas propias de la gente de barrio, charlando en un cine, y se incorporan otras que hacen referencia al misterio que envuelve a los protagonistas. El mismo final de la película, en contraposición con el final de la obra, es característico de esto. Al final del último acto, Clotilde descubre que Ezequiel no mata y despelleja mujeres, sino gatas, y mirándole con desprecio le dice “¡Pelagatos!” [Jardiel Poncela, 2001. Pág: 613], haciendo uso del doble sentido de la palabra. Sin embargo, en la película, esta escena cómica no es la escena final, sino que se introduce otra que sirve de clausura: Fernando cavando en los almendros para buscar los restos de Eloísa y, como él mismo dice, “dar entierro a la tragedia de esta casa” [Gil, 2009. Min: 01:12:00]. Esto también puede relacionarse con que en la época no estuviera muy bien visto que el cuerpo de una mujer descansara en un jardín privado, sin haber tenido un entierro. Al introducir esta escena final como contrapunto, Rafael Gil consigue culminar el film de un modo más moral.

PERSONAJES

Como ya se ha dicho anteriormente, en la película desaparecen los personajes más populares y sainetescos de Poncela y se apuesta por la sofisticación. La personalidad de algunos de ellos se modifica, así como las relaciones que tienen, de lo que hablan y de lo que no era conveniente que hablaran en una película de la época.

Quizás el personaje que mejor ejemplifica un cambio de estilo de la obra a la película es el de Mariana. Poncela la describe del siguiente modo: “… reaccionando en el acto y de un modo explosivo frente a los seres y frente a los acontecimientos, MARIANA, más que una muchacha, es una combinación química. Su entrada en el cine de barrio, por lo elegante de su atavío, lo singular de su belleza y la fascinación que de ella se desprende, produce una especie de pasmo y de estupor. Las conversaciones callan cuando se detiene en la puerta; todo el mundo vuelve la cabeza para mirarla, y hay unos instantes de pausa expectante y emocionada” [Jardiel Poncela, 2001. Pág: 494]. A continuación se suceden los innumerables comentarios que los personajes más populares hacen sobre la belleza de Mariana, incluso las mujeres comentan su presencia y el acomodador se pone nervioso ante ella. Su tía Clotilde, le dice a Mariana: “Siempre el mismo éxito entre las clases populares. Te felicito, Mariana” [Jardiel Poncela, 2001. Pág: 499]. En la película de Rafael Gil, Mariana aparece representada como una mujer más sumisa y calmada, y no tanto como una “combinación química”. Y nadie se vuelve a mirarla ni hace comentario alguno cuando entra en el cine. Y el acomodador, interpretado en la película por el dibujante Enrique Herreros según el diario Ya [Expediente de censura. Caja: 36, 04563],  no se siente incomodado por su presencia.

Representativa es también la distinta relación entre Clotilde y Edgardo presentada en la obra y en la película. Poncela insiste en varias ocasiones en que Edgardo se recluyó en la cama durante años tras la muerte de su mujer y el rechazo a su petición de matrimonio a Clotilde. En la película, sin embargo, se eliminan las alusiones a ese rechazo. Un buen ejemplo son las intervenciones finales de Edgardo, en las que explica lo sucedido la noche en que Micaela asesinó a Eloísa [Jardiel Poncela, 2001. Pág: 612]:

 

DIMAS.- (A EDGARDO). Explique usted. ¿Estaba ya loca o la volvió loca el crimen?

EDGARDO.- Lo estaba ya. Lo estuvo siempre; y yo había jurado a mis padres velar por ella y no recluirla nunca. Entonces las niñas eran muy pequeñas, y tú (Por CLOTILDE) aún no habías venido a España. Vivíamos aquí, y algunas tardes nos visitaba el dueño de la casa, Federico Ojeda, con el que teníamos una amistad antigua Eloísa y yo.

(…)

EDGARDO.- Escondí el traje y su caja de música preferida. Oculté en otro lado las prendas manchadas de sangre y abandoné esta casa con las niñas. Tú (A CLOTILDE) pudiste haber rehecho mi alma, pero no quisiste, y caí en una pasión de ánimo en la que aún vivo. Ojeda no supo nunca la verdad, pero la sospechó siempre. Y al año se mató. De que jamás había pasado por ellos una sombra de culpa, estoy seguro. De que él la amó, también.

 

Estas intervenciones corresponden al texto de la obra teatral. En el guión de la película el texto se mantiene exactamente igual a excepción de las dos frases referidas a Clotilde, que desaparecen. La frase “Y al año se mató” es sustituida en el film por “Al año murió” [Gil, 2009. Min. 01:10:43].

No podemos conocer las razones que llevaron a Rafael Gil a prescindir de estas frases a Clotilde. Si ya la obra de Poncela introduce numerosas acciones paralelas y resulta algo complicada de seguir, es posible que el director prescindiera de este vínculo entre estos dos personajes para no confundir más al espectador. Sin embargo, también se puede intuir que una posible relación entre dos personajes surgida a raíz del asesinato de la mujer de él, no fuera considerada como apropiada.

Asimismo, mientras Poncela utiliza el término “suicidio” en numerosas ocasiones, en la película se evita a toda costa. Como ya se ha dicho en la Introducción, la censura autorizó el guión siempre que se suprimieran dichas alusiones. En conversaciones entre Ezequiel y Fernando o Mariana y Fernando, Poncela hace uso del término. En la película, se sustituyen por “el triste fin de tu padre” o “la muerte de tu padre”.

RECEPCIÓN CRÍTICA

Los críticos de los periódicos de la época, escriben sobre la película en comparación con la obra de Poncela, alabando o criticando la adaptación de Rafael Gil. Pese a que en general el trabajo del director fue elogiado, también tuvo duras críticas dependiendo del medio en cuestión[1].

Una crítica de Patria (02.01.44) resaltaba la faceta de Gil como adaptador: “Ha conseguido hacer una cinta llena de agilidad narrativa que le acredita no solo como hábil director, sino también como experto adaptador”. En la misma línea, el diario YA (22.12.43) asegurabaque “Rafael Gil (…) la ha trasladado a la pantalla, en su tarea de realizador, con segura y eficaz habilidad”. Igualmente se alababa el film en Arriba(22.12.43): “Cuatro pasos progresivos ha dado Rafael Gil: El hombre que quiso matar, El viaje son destino, Huella de Luz y Eloísa está debajo de un almendro. Y al rematar este cuarto peldaño, toca ya con sus manos la definitiva perfección”. Asimismo, el diario El Alcázar(22.12.43) se mostraba rotundo en su buena opinión: “Rafael Gil ha venido dando muestras de su gran capacidad como director de películas, y si había alguien que aún dudara esto, desde que el estreno de Eloísa está debajo de un almendro terminó todos, absolutamente todos, los incrédulos y los no incrédulos, estarán más que convencidos de cuál y cuánta es la capacidad y cuál y cuánta es la habilidad de este director español, que ha logrado, en pocas películas, la madurez de su arte y la celebridad de su nombre”.

Pero no todas las críticas fueron favorables. El Noticiero (Sin fecha) decía: “No conocemos la obra de Jardiel Poncela sobre la que se ha hecho esta adaptación. Ni nos explicamos el motivo que haya movido a Rafael Gil para adaptarla a la pantalla a no ser ese ambiente de misterio que implicaba la posibilidad de unos decorados de película de miedo, de pura tradición cinematográfica. Porque el argumento es confuso e incoherente y no se entienden más de la mitad de las raras cosas que allí suceden. Y el desenlace es precipitado, como de costumbre en el autor. Y, en definitiva, la intriga, tan dividida en incidentes secundarios, no llega a captar el interés”. Pero eso sí, añade al final: “En lo moral, es correcta”. Por su parte, el diario Hoy(15.03.44) se centra en una crítica al argumento: “Un argumento sin valoraciones escénicas ni para el teatro ni para el cine. (…) El tema ha sido muy bien llevado al celuloide pero sus defectos de fondo no podían ser suprimidos, porque son consustanciales a la obra de Poncela”. Al contrario, el periódico Madrid(22.12.43) elogia la película en base a que Jardiel Poncela “escriba sus comedias con una inquietud y una visión cinematográficas que facilitan extraordinariamente su pase a las cámaras de impresión”.

Al margen de que estos medios valoraran bien o mal la adaptación de la obra, todos afirman que el público rompió en aplausos cuando la película terminó. Además, muchas de las crónicas destacan el importante papel de quienes acompañaban al director. Así, El Alcázar (22.12.43), por ejemplo, señalaba: “A un acierto de director ha añadido el de saber elegir sus colaboradores, y a Enrique Alarcón le encargó el difícil renglón de los decorados, a Alfredo Fraile el de la fotografía y a Juan Quintero el de la música, y estos tres artistas, poniéndose a tono con el director, hicieron decorados, fotos y música que sirven a la película avalorándola y conjuntando un todo más que perfecto”.

CONCLUSIONES

Las obras de Enrique Jardiel Poncela están escritas desde una gran visión cinematográfica que facilita su posterior adaptación al cine. Sin embargo, en el caso de Eloísa…, sus precipitados diálogos y complicadas tramas dificultan en ocasiones el seguimiento de la película, a pesar de que su guión se reescribiera por el propio autor y Rafael Gil. El film obedece a una completa restructuración de la narración, llegando incluso a empezar y terminar con escenas que no aparecen en la obra.

Las situaciones cómicas e inverosímiles ideadas por Poncela se entrecruzan en la narración con escenas de misterio. Mientras en la obra original prima la comedia, la adaptación responde más bien al género del melodrama policiaco. Desaparece lo sainetesco en beneficio de lo sofisticado, y las viviendas populares de un barrio céntrico de Madrid son sustituidas por terroríficas y lúgubres mansiones. Las escenas más disparatas son tratadas de forma que casi recuerdan al absurdo del esperpento: un joven que droga a su novia con cloroformo, una mujer a la que un hombre le resulta atractivo cuando cree descubrir que es un asesino, un cadáver enterrado bajo un almendro… pero finalmente todas estas acciones resultan justificables, sobre todo cuando Rafael Gil añade a la película una escena final con la que pretende “dar entierro a la tragedia” y que sirve de contrapunto moral a todo lo anterior.

Asimismo, desaparecen de la película todas las referencias directas al suicidio que sí se mencionan en los diálogos de los personajes en la obra. El vínculo entre Edgardo y Clotilde se difumina, y se eliminan los reproches hacia ella por no haberle consolado tras el asesinato de su mujer. La película consigue dinamismo al intercalar distintos escenarios y acciones a lo largo de toda la narración, y no ceñirse a la estructura de tres actos – cada uno de ellos ubicado en un espacio – de la obra original.

En general, la adaptación de la película consiguió críticas bastantes positivas. Los principales diarios de la época, Ya, Arriba, y El Alcázar, valoraron la profesionalidad de su director y del resto del equipo, elogiando sus cualidades artísticas y técnicas. De hecho, la Subcomisión Reguladora de la Cinematografía la calificó de 1ª Categoría.

 

Fuentes:

JARDIEL PONCELA, Enrique. Enrique Jardiel Poncela. Obras selectas. Austral Summa. Madrid. 2001.

GIL, Rafael. Eloísa está debajo de un almendro [DVD]. Video Mercury Films. Madrid 2009.

GARCÍA-RAYO, Antonio. Para saber más… en Eloísa está debajo de un almendro [DVD]. Video Mercury Films. Divisa Red S.A. Gráficas AGA. Madrid. 2009.

MARTÍN GARCÍA, Jorge. Eloísa está debajo de un almendro (Rafael Gil, 1943). Análisis de una adaptación. Revista de Estudios Literarios Espéculo. Universidad Complutense de Madrid. Nº 23, marzo-junio 2003. URL: http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/jardiel.html

MAÑAS MARTÍNEZ, MARÍA DEL MAR. Eloísa bajo distintos almendros en su paso del teatro al cine. Revistas del CES Felipe II. Universidad Complutense de Madrid. Nº 1, artículo 4, abril 2004. URL: http://www.cesfelipesegundo.com/revista/Articulos2004/Articulo4.pdf

Expediente de censura. Caja: 36, 03203. Expediente nº: 1027. Registro Propaganda: 9763. Archivo General de la Administración (AGA), Alcalá de Henares.

Expediente de censura. Caja: 36, 04563. Expediente nº: 1027. Registro Propaganda: 9763. Archivo General de la Administración (AGA), Alcalá de Henares.

Expediente de censura. Caja: 36, 03213. Expediente nº: 1027. Registro Propaganda: 9763. Archivo General de la Administración (AGA), Alcalá de Henares.


[1] Todas las críticas de la época han sido extraídas de: Expediente de censura. Caja: 36, 04563. Expediente nº: 1027. Registro Propaganda: 9763. Archivo General de la Administración (AGA), Alcalá de Henares.

 

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