Maruja Mallo

Maruja Mallo es una de las pintoras más transgresoras e inconformistas de su tiempo. Sus más de 140 obras se identifican dentro de las vanguardias, en especial bajo la corriente del Surrealismo. Mantuvo una estrecha relación con la Generación del 27. Sus amistades con personajes como Alberti, Lorca, Neruda o el pintor Dalí, la influyeron significativamente. Maruja Mallo fue una mujer rebelde, feminista a la vez que femenina, y todo un símbolo de su época.

Maruja Mallo. Fotografía.

La Academia de Bellas Artes de San Fernando ha reunido la mayor parte de las obras de la artista en una exposición caracterizada por su exclusividad: sus obras estaban repartidas en fondos de coleccionistas privados de España, Francia, Argentina y Estados Unidos. Por primera vez, tenemos el honor de verlas a todas reunidas.

La exposición comienza con las obras de una joven Maruja que, vislumbrada por el ambiente y clima de Canarias, decide plasmar sus impresiones en dos cuadros de verbenas. En estos cuadros reina el colorido, la expresividad y el buen humor. Encontramos ferias, norias y personajes anclados en un contexto y lugar del que la artista parecía estar fascinada.

Seguidamente, la exposición nos lleva de la mano por obras más oscuras y siniestras que contrastan con las anteriores. Es el caso de “Cloacas y campanarios”, “El espantapájaros”, “El espantapeces” o “Antro de fósiles”.  Fue “El espantapájaros” la obra que entusiasmó a André Breton, quien compró el cuadro. “Antro de fósiles” nos recuerda ligeramente a la época Barroca. En él asistimos a una combinación de lo macabro de los esqueletos con las figuras imaginarias salidas de la fantasía de Maruja. Un contraste excepcional en un cuadro excepcional.

El Espantapájaros. Maruja Mallo.

A modo de transición entre esta etapa y la serie dedicada a “La religión del trabajo”, debemos mencionar sus bocetos de cerámica,  las cuales a día de hoy han sido perdidas. Esta serie de la que hablaba se inicia con “Sorpresa del trigo”, cuadro que representa a una mujer de cuya mano izquierda brotan unas semillas que acaban por crecer en forma de trigo en la derecha. Esta serie de obras se completan con otras similares caracterizadas por humanos que recuerdan a la pintura egipcia (Maruja Mallo reconoció su pasión por el mundo egipcio) y que en algunos casos parecen seres andróginos. Algunas de estas obras tienen como tema subyacente la tierra, y otras el agua. Es muy representativa la gran cantidad de manos de considerable tamaño que forman parte importante de casi todos los cuadros. Seguramente con estas manos la autora trata de representar el trabajo y el elemento humano.

La sorpresa del trigo. Maruja Mallo.

El impacto que le produjo el encuentro con el continente americano, en especial por la mezcla de razas y culturas que allí pudo contemplar, la llevó a una etapa en la que pintará sus “Retratos bidimensionales”, así como sus “Naturalezas vivas”.  En relación con estos retratos de mujeres se produce una extensión a las máscaras, representadas en muchos casos en la arena del mar.

Finalmente, la geometrización invade su pintura, situándose así cerca del campo de la abstracción.

La exposición se complementa a su vez con fotografías de la propia Maruja Mallo y un documental en el que podemos verla en diversas entrevistas. Estos soportes nos ayudan a comprender su arte, su manera de pensar y su forma de vivir.

La verbena. Maruja Mallo.

Especialmente, me han llamado la atención dos cosas de Maruja Mallo.

En primer lugar que, aunque era consciente de que la exposición estaba ordenada en orden cronológico nunca me daba la sensación de estar ante una artista más mayor. Sí más sabia en cuanto a la técnica pero que, al fin y al cabo, siempre conservaba la juventud en todos sus cuadros. Los últimos, por ejemplo, son todo un estallido de color y luminosidad. Por ello tenía la sensación de que Maruja Mallo nunca envejecía realmente, sino que seguía siendo la joven veinteañera del principio de la exposición.

En segundo lugar, me fascina el contraste que me transmiten sus cuadros entre la fantasía, lo inconsciente, y al mismo tiempo lo racional, las medidas exactas. Me preguntaba a lo largo de la exposición si realmente podía considerarse a Maruja Mallo una representante del Surrealismo. Sus cuadros evocan muchas veces ese mismo sentimiento que transmiten los cuadros de Dalí o Miró, pero el tratamiento, la técnica, es absolutamente diferente. Maruja Mallo pensaba cada figura que aparecía en su cuadro, estudiaba al detalle las proporciones, los puntos de fuga, las distancias. Era increíblemente racional.  Nada estaba en sus cuadros por casualidad.

En definitiva, debo reconocer que me ha fascinado la persona y obra de Maruja Mallo, una artista a la que muchos no conocen –me incluyo hasta hace escasos días- y que creo debería tenerse más en cuenta en la historia del arte.

Os recomiendo este documental sobre Maruja Mallo en la web de RTVE: ‘Maruja Mallo, mitad ángel, mitad marisco”

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